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Los niños traviesos y caprichosos no le gusta comer galletitas de chocolate porque creen que son amargas. Un día, un duendecito las convirtió en monedas de chocolate. ¡Qué emoción! Al probarlas, descubrieron que eran deliciosas. Desde entonces, comen todas las verduras para ganar más monedas y comprar más galletas.