Estoy como favorito en la lista de contactos recurrentes de un señor llamado Caos. No… no me las doy de listo, pero creo acertado dejar por anticipado un recado, un presente: irse sin pagar, marcharme sin haberte despertado, darlo todo por sentado. Soy ya un poco mayor para saltar por las ventanas de mujeres casadas, sin romperme una pierna o que me delate la intención de esta o cualquier otra acción. Normalmente por omisión. Bajo la calle con prisa, subo un poco más despacio. Desconozco el significado de la palabra embarazo. Tal vez ahora luzco triste, es que se me ha acabado el alpiste, y he dejado petrificado a mi leal camarero, el que pagaba las cuentas de casa con los excesos de la barra. Lo que me priva, más que la ironía, es la cara inocente de una bella señora o señorita. Ya pintan canas, he de reconocer, que pese a no ser lo que fui, algo queda de aquel. Ha fallado el botón rojo. Correr de madrugada tras… aquello que ya no existe. Que la palabra es un dios que, sin quitarte la razón, habla como hablo yo, para darme un dos de bastos, En una mala mano que pierdo sin compasión Suena el teléfono. Habla el Caos. Contesto. Y no me arrepiento de cogerle el recado.