Érase una vez una historia envuelta en fe y en ilusión, dos almas que guardaban un afecto transparente en el corazón. Pero una voz autoritaria usó el altar para juzgar, imponiendo la distancia y obligándolos a terminar. Un tercero decidió el destino sin escuchar la verdad, mientras el tiempo en silencio curaba la herida y la oscuridad. **(Estrofa 2)** Pasaron más de dos décadas y cada quien tomó su camino, formando sus hogares y aceptando el curso del destino. Por años habitó una duda, buscando respuestas en el dolor, hasta que el presente trajo la luz y disipó todo error. Comprendió por fin que no hubo culpa en esa juventud, sino la firme inocencia de un afecto lleno de virtud. **(Coro)** Y hoy llega la tranquilidad, la paz al fin volvió, al entender que aquel amor la mentira no lo destruyó. Quizás la vida no los vuelva a juntar en la misma dirección, pero siguen unidos, conectados de corazón a corazón. Porque las marcas de los hombres el viento se las lleva, pero lo que viene de Dios, jamás se borra ni se quiebra.