Debí haber guardado en silencio, las imágenes del espejo. Debí conservar en alcohol las noches de lluvia tierna. Y encender con besos la combustión, en la fría despedida del domingo Debí leer mejor tus sueños Y reinterpretar la locura de verte desnuda Cuando sobre el suelo se cernía una nube blanca e impura, que componía música con gemidos y suspiros. Debí memorizar tus constelaciones. Para navegar sin prisa entre ellas, antes de degustar tu silueta tatuada. Debí permanecer en vigilia cuando la noche distante nos separaba Y en intervalos entrelazados. sellar en medio del puente, con un beso, el pacto de no agresión. Debía saber y no supe sólo repetí murmurando tu nombre que ahora, me imposibilita el sano descanso