가사
Pequeño Dorado
Con la caja de pan en sus manos, él y su hermano, el alma al viento, iban de esquina en esquina temprano, tejiendo risas y algún juramento.
Eran dos astros de un mismo cielo, jugando, peleando, como es natural, pero al final, siempre un abrazo, un lazo eterno, como el mar y el sal.
Pequeño Dorado, sigue en vuelo, tu risa en el aire se queda en el cielo, tu alma brilla, luz de ilusión, en cada corazón, hay una canción.
Entre números y letras danzantes, él enseñaba como quien da amor, jugaba al banco, y en cada instante, convertía el saber en puro candor.
Con manos sabias y ojos de estrella, a cada niño supo encantar, pues en su palabra, siempre tan bella, cada lección era un don para amar.
Pequeño Dorado, sigue en vuelo, tu risa en el aire se queda en el cielo, tu alma brilla, luz de ilusión, en cada corazón, hay una canción.
Su cuerpo era fuerte, pero en su centro, un dolor oculto lo empezó a quebrar, aunque en su mirada, el firmamento,
seguía encendido, sin descansar.
Y un día, sin previo aviso partió,
como hoja dorada, el viento lo alzó, el cielo lo abrazó en su último viaje, y en su partida, nos dejó su coraje.
Pequeño Dorado, sigue en vuelo, tu risa en el aire se queda en el cielo, tu alma brilla, luz de ilusión, en cada corazón, hay una canción.
En su honor, la familia se unió,
y bajo el sol de una tarde en calma, sembraron un árbol, y allí floreció, la vida de Pablo, su eterna alma.
Sus raíces profundas, abrazan la tierra, sus hojas susurran cada lección, y en cada rama crece la esperanza, de un maestro que fue pura bendición.
Pequeño Dorado, sigue en vuelo, tu risa en el aire se queda en el cielo, tu alma brilla, luz de ilusión, en cada corazón, hay una canción.