AMANECIÓ LLUVIOSO Hoy amaneció lluvioso. Otra vez. Y vuelve en mí esa vieja manía de romper el silencio, de dejar que estas palabras rotas caigan sobre el papel como excusa para no quedarme mudo. La lluvia cae tan leve, que invita a la poesía a desnudarse y gritar. Hay mañanas así, mojadas, lentas, en las que me descubro a mí mismo, varado en el centro de un poema que no sabe hacia dónde va. Y tal vez escribir sea eso: caminar a tientas por un lugar que uno mismo inventa, buscar una salida sabiendo de antemano que quizás nunca estuvo allí.
¿Y para qué escribo si las palabras no me explican? ¿Para qué busco respuestas si la duda permanece? Quizás escribir sea otra forma de perderse, de mirar hacia adentro y encontrarse diferente. ¿Y para qué escribo? Tal vez para no desaparecer; porque mientras nombro lo que siento, algo de mí se resiste a caer. Uso el lenguaje como se usa un espejo empañado: para hablarme sin verme del todo, para reconocer en el vidrio una figura que se parece a mí pero que nunca termino de descifrar. Mientras espero que la lluvia pase, intento que también se vaya esta fatiga de escribir sin alivio. Balbuceo. Y solo salen metáforas inútiles, palabras que parecen importantes hasta que uno las mira de cerca. Entonces las lanzo al suelo mojado, una por una, para que el agua las disuelva, para que desaparezcan como si nunca hubiesen sido. Pero mañana, quizás, volveré a buscarlas. Porque hay preguntas que no quieren respuesta; solo necesitan que alguien tenga el valor de formularlas.
¿Y para qué escribo si las palabras no me explican? ¿Para qué busco respuestas si la duda permanece? Quizás escribir sea otra forma de perderse, de mirar hacia adentro y encontrarse diferente. ¿Y para qué escribo? Tal vez para no desaparecer; porque mientras nombro lo que siento, algo de mí se resiste a caer. Haz el coro más contundente y original Reduce las repeticiones de ideas abstractas Dale más cadencia de rap al texto