Dalszöveg
Aquella noche de San Juan,
el mundo parecía arder,
y entre hogueras y promesas
te encontré sin saber por qué.
Un banco fue testigo
de lo que iba a empezar,
dos desconocidos riendo
sin ganas de terminar.
Y el tiempo se hizo pequeño,
las horas dejaron de importar,
porque en cada palabra tuya
yo me empecé a quedar.
Desde entonces nuestras vidas
no han parado de girar,
entre viajes y recuerdos
que no se pueden borrar.
Eres mi casa,
mi sitio de verdad,
donde todo tiene sentido
sin tener que explicar.
Eres calma en el ruido,
lo que siempre está,
la forma en la que la vida
me enseñó a querer de verdad.
Eres lo que elijo a diario
sin tener que dudar,
porque desde aquella noche
todo cambió sin avisar.
Hemos sido risa y tropiezos,
días de no saber qué hacer,
momentos que nos han puesto a prueba
Y nos han hecho crecer.
Y cuando aprieta la distancia
y cuesta un poco más,
sé que lo nuestro es de verdad
y siempre vuelve a su lugar.
Porque lo nuestro no es perfecto,
pero es real, sin más,
es quedarse cuando duele
y volverse a encontrar.
Puente
Y ahora miro hacia delante
y lo tengo claro ya,
quiero verte siendo padre,
quiero todo lo que vendrá.
Quiero envejecer contigo,
seguir riendo sin razón,
seguir buscando cualquier banco
para empezar otra conversación.
Eres mi casa,
mi principio y mi final,
aquella noche de fuego
nos volvió eternidad.
Y si la vida me deja elegir
una vez más dónde estar,
será siempre entre tus brazos…
sin quererme ir jamás