Dicen que mis panas son mala influencia Que su ropa ancha refleja violencia Que las cadenas, que los gestos raros Que parecen perdidos, que son mal andados
Pero si vieran lo que yo he visto Corazones puros detrás de ese mito Hermanos que saben sanar mis heridas Que me devuelven las ganas de vida
Cuando estaba hundido, queriendo llorar Fueron los únicos que supieron estar No eran maestros, ni santos, ni guías Pero su risa salvó mis días
Los adultos murmuran, “se ve delincuente” Pero no conocen lo que hay en su mente Que comparten lo poco, que cuidan de mí Que en su mundo roto me hicieron reír
Las veces que quise soltar la toalla Ellos me dijeron: “aquí nada falla” Que aunque la tormenta no deje de azotar Siempre habrá un hombro para descansar
Los juzgan por ropa, por pinta, por calle Sin mirar lo noble que en su pecho estalle Mis padres no entienden, no saben mirar Que los que parecen fieras me saben salvar
A veces quisiera que abrieran los ojos Que no todo es malo, que hay más en los rostros Que tras un tatuaje o mirada fría Se esconde un amigo que da la vida
Yo no pedía riquezas, ni fama Solo un abrazo que apague mis llamas Ellos llegaron sin que yo buscara Y en medio del humo, la luz me prestaban
No necesito que el mundo apruebe Lo que siento por ellos, lo que me mueve Son mi refugio, mi escudo, mi hogar Aunque otros los quieran siempre señalar
Y si mañana me vuelvo a caer Sé quiénes estarán para sostener No importa el juicio, ni lo que digan Ellos me levantan, ellos son mi familia