NEBLINAS DE GUERRAS Brumas plateadas cubren las inventadas colinas, dejan pasar tenuemente la luz falsa que ilumina el paisaje con su rostro de hierros y cristales. Niebla que acalla el grito moribundo del imperio, ese que languidece en medio de sus propios prejuicios. CORO ¿Quién le devuelve a la vida lo que la guerra le arranca? ¿Quién limpia de sangre la historia cuando el vencedor la redacta? Niebla, partículas diminutas de rocío, intentas vagamente cubrir la crudeza de tus líricas campañas de guerra, enarbolando la paz. Niebla que invita a abrir las tumbas de los soldados pendejamente caídos. Niebla, extensión del cielo que va pintando de blanco la solidaridad fingida. CORO ¿Quién le devuelve a la vida lo que la guerra le arranca? ¿Quién limpia de sangre la historia cuando el vencedor la redacta? Geografía del miedo, cartografía de una conciencia mutilada, donde los imperios envejecen aferrados a la geometría de sus espadas, y África continúa pagando una deuda que nunca contrajo, mientras Europa, en el espejo de sus fronteras, confunde la memoria con el privilegio de haber sobrevivido a sus propias matanzas. Niebla sobre Haití, donde la historia parece condenar a un pueblo a revivir los pliegues de sus propias heridas, y el negro porvenir se disputa entre los escombros de la soberanía. Oriente, donde la tierra guarda bajo sus párpados de piedra la antigua disputa entre Dios y los hombres. CORO ¿Quién le devuelve a la vida lo que la guerra le arranca? ¿Quién limpia de sangre la historia cuando el vencedor la redacta? Y yo me pregunto... ¿Quién redacta la moral de los vencedores? ¿En qué tribunal del universo se absuelve a la muerte cuando lleva uniforme de patria y la razón de Estado por conciencia? Neblinas que apenas ocultan, bajo la espuma de los discursos, un sueño que, con el paso de las estaciones, termina convirtiéndose en pesadilla.