كلمات
A veces el amor llega sin avisar…
Y cuando menos lo esperas, se convierte en todo lo que soñabas.
La conocí en la iglesia, un día cualquiera,
mi hermano fue el motivo, y el destino la manera.
Recuerdo su mirada, tan serena y tan sincera,
aunque entre nosotros… no había chispa verdadera.
Al principio eran discusiones, nada nos unía,
yo seguía otro camino, y ella, su propia vida.
No nos llevábamos, ni hablábamos seguido,
pero la vida tenía guardado otro sentido.
Pasaron tres años, y el tiempo hizo su parte,
quedé solo, con heridas que dolían bastante.
Y de pronto apareció, distinta, más abierta,
como si la vida, de nuevo, nos ofreciera una puerta.
Comenzamos a hablar, y todo fue distinto,
sus palabras calmaban lo que el pasado había escrito.
Ella me sanó, sin promesas ni condiciones,
solo con su presencia, curó mis decepciones.
Y fue un tres de septiembre que el cielo nos unió,
te pedí que seas mi novia y el amor floreció.
Entre risas, apodos y noches infinitas,
yo te decía “esposita”, y tú, mi vida bendita.
Pasó un año entre pruebas, entre sol y tormenta,
aprendimos que amar también es paciencia.
A veces dolía, pero el amor resistía,
y en medio del caos, tu sonrisa me servía.
Hoy miro atrás, y solo puedo agradecer,
porque todo lo difícil nos hizo crecer.
Cinco años después seguimos de la mano,
con el sueño de casarnos y un futuro cercano.
Tu piel morena clara, mi calma y mi deseo,
tu voz que me alivia cuando todo es feo.
Y tu sonrisa… esa que nunca se olvida,
la razón más hermosa por la que sigo en la vida.
Y fue un tres de septiembre que el cielo nos unió,
te pedí que seas mi novia y el amor floreció.
Entre risas, apodos y noches infinitas,
yo te decía “esposita”, y tú, mi vida bendita.
Hoy seguimos firmes, con fe y esperanza,
mirando el futuro, soñando la alianza.
Porque el amor verdadero no se improvisa…
se construye, día a día,
como tu sonrisa.