Lời bài hát
DEL POETA A LA FILOSOFÍA
En el principio de los días,
cuando el hombre aún descalzo
preguntó al mundo qué lo guía,
al curso eterno del ocaso,
Tales miró hacia el agua
y en su flujo halló la clave,
mientras el viento en Anaxímenes
dibujaba formas graves.
Pitágoras, con sus números,
calculó catetos invisibles,
y en sus teoremas hallamos
soluciones irreversibles.
Heráclito, entre chorreras,
nos habló del devenir:
todo cambia, nada queda,
al ver el río fluir.
Y llegó el gran Sócrates
con su aguijón inquisitivo,
rompió mentiras extrañas
para parir el saber definitivo.
Platón miraba hacia el cielo,
sus dos mundos en formas puras,
y Aristóteles, pie en tierra,
escribió sus dictaduras
sobre la verdad del ser
y la materia precisa;
fue el gran forjador del saber
que en la mente se eterniza.
El helenismo se alzó
En un canto de templanza:
los estoicos, con su alma sana,
Olvidaron la venganza.
Pero Epicuro le cantó
al placer que se cultiva;
en su huerto reposó:
la ataraxia es esta vida.
Los cristianos aparecieron
con su santo y dogma firme.
Agustín miró los cielos,
llegó a Dios por iluminación;
Tomás invirtió el orden
y prefirió la razón.
Por mil años se detuvo
el saber en jaula oscura,
pero al alba del Renacimiento
despertaron mentes puras.
A Galileo lo encerraron
por mirar más allá del suelo;
Bruno, en la hoguera quemado,
por las llamas del infierno.
Descartes, con la razón,
rompió el velo del misterio:
"Pienso, luego existo" , dijo,
y así se alzó su imperio.
Hobbes habló de Leviatán,
de contratos y de espadas,
mientras Locke, con su tabula rasa,
limpiaba la mente malsana.
Rousseau soñó libertad,
una nobleza salvaje,
y Montesquieu también pensaba
en el gobierno y su engranaje.
Pero Maquiavelo, misterioso,
se reía tras los barrotes,
mostrándonos que el poder
también se impone por garrotes..
Llegó Kant con su razón,
el deber se hizo un escudo,
y en las cumbres de Hegel
se trazaron los futuros.
Nietzsche, en un Turín brillante,
Mató todos los dioses;
su martillo resonante
despertó nuevas voces.
Con Marx, el mundo cambió,
el capital se hizo verbo;
la lucha entre obreros y burgueses
cayó como granada
y dejó un mundo en fragmentos.
Heidegger habló del tiempo,
del ser en su estar perdido,
mientras Sartre nos miraba
con su absurdo deprimido
Camus, en su rebeldía,
se enfrentó a lo incomprensible,
y en Schopenhauer hallamos
un destino inasequible.
Ya en la posmodernidad,
el saber se fragmentó,
y Derrida, con sus huellas,
todo lo deconstruyó.
Foucault miraba el poder,
disfrazado en cada esquina,
y Deleuze, con su rizoma,
derribaba la doctrina.
Y en este caminar tan largo,
del saber voy por los lares;
la filosofía es un puente
que afecta el inconsciente.
Aunque el hombre navegue
tormentas existenciales
En la filosofía se ancla
Esa pasión que de
adentro a mi me sale.