Miro estas calles que me vieron crecer, ahora son extrañas, no las reconozco, el silencio es mi mal consejo. Se me estruja el alma al ver cómo cambió el terreno, los años son ingratos y no perdonan. Cada rincón me recuerda a los que ya no están, y esta soledad me quema, aunque no quiera. Y aunque el tiempo pase, mi barrio es el mismo, aunque la soledad me abrace, aquí sigo yo en mi abismo.