Seres aterradores andan a tientas en lagos sangrientos, una bruma asquerosa se arrastra y se alimenta de hinchadas babosas; de los lechos de plantas perfumadas se retuercen serpientes fétidas, y como una flor cultivada con negras sustancias, una luna de acero gotea sangre sobre un cielo oscurecido por las profecías de locos fantasmas. Pero esto ha cesado, ha quedado atrás, y en ese bosque mefítico, debajo de la tumba, los muertos cenan donde las sombras flotan, y velas abrasadoras limpian la pútrida penumbra; y los que estaban de pie en la alegría y el dolor de la tristeza, ahora urden el estribillo extático del infierno. Muy por debajo, donde criaturas tumefactas se mantienen en habitaciones glaciales, y los cráneos arden como lámparas para guiar a través de la vida más allá, y donde se corren los velos verdes de un limo rezumante y mortales humedades, resuena la tumba eternamente en alegre liberación.