[INTRO – hablado, sobre piano y bajo]
Las horas se repiten… Como si el tiempo fuese circular. Y yo sigo aquí… Aunque tantas cosas hayan cambiado.
[PARTE 1]
Las horas se repiten como si el tiempo fuese circular, se va de bruces sobre mis recuerdos y te arrastra hasta mí sin pedirme permiso.
En cada otoño me habla de ti, pone tus canciones para tratar de partir mi alma en dos. Me dice que ya no eres la misma, que todavía vas a la esquina del castillo para contemplar el mar.
Allí dejas hasta el último pedazo de tus miedos.
Me dice que te mira, pero que ya no eres la misma, que cerraste tu habitación y apagaste todas las luces.
[PARTE 2]
Que va al salón, pero ya no escucha aquellas canciones que te hacían vibrar de amor.
¡Sabes! Tenías razón. Me han pasado cosas…
Pero no creo que a alguien le interese leer mis relatos, siempre termino hablando de ti para escapar de la rutina de recordarte.
[PARTE 3]
Hoy te vi danzando por las hojas secas del otoño, escuchando otras canciones, pero esta vez desconocidas para mí.
Nadie leerá nuestro relato. Y eso duele.
No por la fama, más bien por el olvido.
Yo sigo acudiendo a ti cuando el otoño se pone frío, pero te llevaste el abrigo.
Y de aquel fuego que nos quemó, no queda ni una simple llama.
[PARTE 4 – La música baja, voz más íntima]
El tiempo ha pasado.
Yo escucho las mismas canciones, apoyado en tus espaldas, pero tú ni siquiera cantas como lo hacías antes.
Tú caminas y me das las espaldas, miras al frente como queriendo olvidar aquellas horas donde encendías el mundo con tus ojos de llamas.
[CIERRE – hablado]
Tenías razón…
Me han pasado cosas.
Pero hay canciones que todavía me hablan de ti.
[INTRO – hablado, sobre piano y bajo] Las horas se repiten… Como si el tiempo fuese circular. Y yo sigo aquí… Aunque tantas cosas hayan cambiado. [PARTE 1] Las horas se repiten como si el tiempo fuese circular, se va de bruces sobre mis recuerdos y te arrastra hasta mí sin pedirme permiso. En cada otoño me habla de ti, pone tus canciones para tratar de partir mi alma en dos. Me dice que ya no eres la misma, que todavía vas a la esquina del castillo para contemplar el mar. Allí dejas hasta el último pedazo de tus miedos. Me dice que te mira, pero que ya no eres la misma, que cerraste tu habitación y apagaste todas las luces. [PARTE 2] Que va al salón, pero ya no escucha aquellas canciones que te hacían vibrar de amor. ¡Sabes! Tenías razón. Me han pasado cosas… Pero no creo que a alguien le interese leer mis relatos, siempre termino hablando de ti para escapar de la rutina de recordarte. [PARTE 3] Hoy te vi danzando por las hojas secas del otoño, escuchando otras canciones, pero esta vez desconocidas para mí. Nadie leerá nuestro relato. Y eso duele. No por la fama, más bien por el olvido. Yo sigo acudiendo a ti cuando el otoño se pone frío, pero te llevaste el abrigo. Y de aquel fuego que nos quemó, no queda ni una simple llama. [PARTE 4 – La música baja, voz más íntima] El tiempo ha pasado. Yo escucho las mismas canciones, apoyado en tus espaldas, pero tú ni siquiera cantas como lo hacías antes. Tú caminas y me das las espaldas, miras al frente como queriendo olvidar aquellas horas donde encendías el mundo con tus ojos de llamas. [CIERRE – hablado] Tenías razón… Me han pasado cosas. Pero hay canciones que todavía me hablan de ti.