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Quince de septiembre.
Un día. Una fecha.
El próximo quince de septiembre quedará grabado en el mármol de la historia
como el día en que la Vitrina de la Ciencia, sin remedio,
perdió una de sus joyas,
una de sus más brillantes glorias.
Pero lo vivido seguirá latiendo en los pasillos.
Porque alguien ya lo dijo con precisión:
lo dijo Supercremalleras:
“Fuimos los extraterrestres en extinción.
En extinción.
Los supervivientes del rock&roll.”
Fuiste maestro de los miércoles,
con tu Gabinete de la Ciencia.
Poeta con cada clase magistral.
Te vas sin irte del todo:
nos quedan tus apuntes,
tablas que yo tendré por manual.
Tú, infiltrador en serie,
que sembraste el pánico en Amorebieta
con tu revólver cargado de quenacort.
Esgrimista de azoteas,
no tuve más remedio:
tuve que retarte a un duelo
el duelo de criofrancotiradores
y fuiste abatido por dos certeros fulgores.
Caíste con gracia y elegancia, como hacen los actores y los grandes improvisadores.
No te vas, Pedro:
te nos escurres.
Y siempre quedará lo que dijo Supercremalleras:
“Fuimos los extraterrestres en extinción.
En extinción.
Los supervivientes del rock&roll.”
Nos dejas tu fantasma riéndose en el ascensor.
Porque fuiste más que un médico:
fuiste brújula, colega,
y hasta cómplice alentador.
En nuestro micromundo,
fuimos los supervivientes del rock&roll,
un grupo guapo de rock.
Y antes del quince de septiembre, déjame decirte:
“Todo termina antes de lo que quiero.
Necesitaba más tiempo a solas contigo.
¿No hay nada que pueda hacer?”
Te vas.
Pero un trecho tan breve nunca alcanzará a deshacer un lazo tan hondo