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En un pueblo olvidado, donde el sol siempre abrasa,
Vivió una mujer que le llamaban "La China",
Con tres hijos a cuestas y una vida escabrosa,
Tomó malas decisiones, pero siempre por sus crías.
De los bares y cantinas era su jornada,
Sacando adelante con fuerza y entereza,
A sus hijos queridos, la razón de su mirada,
Con cada sacrificio, su amor no tiene precio.
"La China" valiente, en la noche y en el día,
Labrando un mañana con sudor y con fe,
Con paso decidido, aunque el camino ardía,
Por sus hijos luchaba, aunque nadie lo vea.
Hoy sus hijos crecen, llenos de gratitud,
Por cada sacrificio, por cada desvelo,
"La China" los guió con amor y virtud,
Y hoy son la razón de su más dulce consuelo.
Que su historia inspire a seguir adelante,
A aquellos que luchan sin cesar por los suyos,
Porque el amor y el esfuerzo constante,
Son la esencia de un alma que nunca se rinde en el duro camino.