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En un rancho humilde nació un hombre valiente,
con sueños tan grandes como el cielo en su frente.
Trabajaba sin tregua desde el alba al ocaso,
sembrando esperanza en cada paso.
Con manos callosas y mirada firme,
labró su destino, sin miedo ni enojo.
Pobreza no era sino un viento en su camino,
soñaba despierto, con fe y con tino.
De un día a otro, la suerte sonrió,
un golpe de fortuna, el destino escribió.
De ranchero a magnate, su historia se tejió,
de la nada al todo, su leyenda creció.
Hoy los campos de trigo son torres de acero,
y el hombre que era pobre vive en el sendero
de la riqueza y el éxito, de la gloria y el poder,
pero su alma sencilla nunca ha de perecer.
Porque nunca olvida de dónde comenzó,
en la tierra fértil donde todo empezó.
Y aunque el dinero y el lujo lo rodeen,
su corazón humilde jamás se desvanece.
Este es el corrido del hombre que soñó,
que de pobre a millonario su vida transformó.
Con trabajo y esperanza, su sueño realizó,
y en el alma del pueblo, su nombre quedó.