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Compañera de cada batalla,
mira cuánta huella dejamos al pasar.
Cincuenta años son la mejor medalla
que el tiempo y la vida nos pudieron dar.
Empezamos con sueños metidos en una maleta, trazando un camino que hoy es un jardín, tú fuiste el norte, mi brújula y mi meta,
un amor de esos que no conocen el fin.
Cincuenta años juntos, de penas y glorias,
brindando por todo lo que hemos vivido.
Silvia eres el hilo de seda en todas mis historias, el refugio seguro que siempre he tenido.
Cincuenta años de risas y llanto,
amándote siempre, no sabes cuánto.
Hoy miro la mesa y me sobran motivos
Para brindar ahí están ellas las dos estrellas, el orgullo de nuestro hogar, con fuerza y el ejemplo que les supiste dar,
somos raíces de un árbol que sigue vivo, con los nietos con su risa nueva, y los bisnietos amankay y kunay, son el milagro que este amor nos prueba que el tiempo no borra nuestra verdad.
Si volviera a nacer y tuviera que elegir,
te buscaría de nuevo entre la multitud.
Porque nadie sabe como tú lo que es vivir
con tanta entrega, ternura y gratitud.
Cincuenta años a tu lado
Silvia querida...
el regalo más grande que me dio la vida