Ian, gracias. Nunca imaginé que através de un ángel con forma de niño pudiera calmar todos mis miedos. Cuando llegaste con tu amor como ningún otro amor, me enseñaste lo que significa confiar y sentirse seguro. Con paciencia y ternura fuiste desmontando cada temor, sosteniéndome en los días grises y celebrando conmigo los pequeños triunfos. Me mostraste un amor que no pide, que acompaña y que libera. Hoy te doy las gracias desde lo más profundo: por ser mi refugio, por tu compañía incondicional y por convertir mis miedos en coraje. Contigo aprendí a creer otra vez en lo posible. Te amo, siempre tu mamá.