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Eh, mira, hijo de puta, aquí no hay teatro,
aquí el respeto se gana a plomo o con cuatro,
yo crecí viendo sangre corriendo por el asfalto,
y tú con tu careta, pareces payaso barato.
Yo no tengo dioses, mi fe está en mi navaja,
y en no dejar que ningún cabrón me rebaje,
aquí la vida es ruleta y la bala siempre viaja,
si falla, te libraste; si no, la tierra te encaja.
Vengo de un bloque donde el silencio grita,
donde la policía llega y la peña se agita,
donde el niño aprende a robar antes que a hacer sumas,
y la droga se reparte en el portal como vacunas.
Aquí no hay piedad, cabrón, aquí hay hambre,
aquí el perro grande se come al chico sin quejars’le,
aquí se sobrevive, no se vive, coño, grábate,
si abres la boca pa’ mentir, mejor cállate.
Soy callejón oscuro, esquina fría,
la voz que susurra cuando llega la policía,
soy la piedra en tu cristal, la sombra que te vigila,
soy la cara de la calle que nunca sale en la guía.
Aquí no hay trapicheo de mentira ni de estudio,
aquí el que se pasa, termina en ataúd,
no hables de mi vida si nunca has olido el luto,
ni has sentido el peso de un colega que se fue injusto.
Así que pisa suave, que la acera está caliente,
y si miras mal, te pueden romper los dientes,
aquí se aprende rápido a vivir con la muerte,
y a hacer del miedo un perro que siempre te defiende.