Boca que nombra sin descanso, labios que encienden auroras en mi piel. Me hablas bajito y el mundo se apaga, y solo existimos tú, yo y esta sed.
Qué bello es poder sentir amar: no vive en la palabra, habita en la piel que tiembla y se entrega, en la boca que humedece ante tu presencia.
Es recibir sensaciones inacabables, olas que suben y no se cansan, inagotables como tu aliento que me inunda y me desangra en calma.
Cada sílaba tuya era un eco retumbando en mi cuarto, cada susurro me volvía a acariciar de arriba abajo. Amar así duele de bonito: querer nunca terminar.
Contigo el tiempo se paraliza, el minutero se olvida: existe una vida, y en tus brazos se me va el alma rozando el cielo entre nubes y brisa.
Las yemas de tus dedos recorren mi espalda, buscan las más deseosas sensaciones en mí, provocan que refugie mis instintos como tormenta incontrolable en tu pecho varonil.
Amarte es incendio y es agua, es vértigo dulce en la espalda, es quedarme sin aire en tu pecho y volver a nacer en tu gracia.
El tiempo se rinde en tu cuello, se detiene y olvida correr. Y yo, ebria de ti, de tu fuego, le pido al cielo que no amanezca otra vez.
Gladys C. Menendez Hija de las Estrellas Estados Unidos Derechos reservados