Voy a contarles la historia que merece ser cantada, de Santiago Papasquiaro sale esta huella marcada. Es la de Amanda y Eduardo amor que nunca se acaba.
Hace ya veintisiete años en un baile se encontraron, entre música y miradas sus destinos se cruzaron. Un beso quedó en el aire y después se separaron.
El tiempo siguió su rumbo, cada quien por su camino, pero lo que es verdadero no lo borra el destino.
A el le dicen Lalo, hombre sencillo, y bien hecho, con honor de hombre de rancho. Amanda es puro carisma, belleza y fuego bendito.
Él se fue para el gabacho así lo llevó el destino, ella en Monterrey brillaba fuerte, valiente y alegre. Pero el destino paciente otra vez los reclamaba.
Lalo la volvió a encontrar, con palabras y verdad, no fue juego ni promesa, fue amor de realidad. Hoy se aman sin condiciones, sin dudas y sin mitad.
Dicen que el tiempo sabía lo que el corazón sentía, que estaban hechos para encontrarse algún día. Por eso este amor no muere, se hace más fuerte cada día.
Hoy esperan el momento de estar juntos, ya escriben su propia historia. Que lo sepa Santiago y el mundo: Amanda y Lalo se amarán por siempre.