Текст песни
Noche horrenda sin estrellas,
que pesadillas en su velo esconde.
¿Por qué me arrancas de mi lecho
y me obligas a vagar en el monte?
A lo lejos, en el horizonte,
las muertas luces, tan bellas,
son ahora el cuándo y el dónde.
Camino desesperado y aturdido,
y aunque ando y ando y ando
sólo se alejan dentro del bosque,
no sé qué busco en tus encantos
¡Haz que llegue a algún lado
o déjame dormir!
¡Qué horrible noche elegiste,
para tener una maldición!
rendir holocausto fue tu misión
desde el día en que naciste.
Al fin llego a una vieja abadía
desconocida para el ojo del hombre,
en la que una puerta de viejo roble
a mi arribo, se abre de par en par.
Doce siluetas me observan al entrar,
todos inmutables e inexpresivos
hacen una rueda en torno a un altar
peripuesto con ofrendas y cirios.
Y en la mesa de sacrificio
rodeada de sacrílegos signos,
gritando por auxilio,
yace atada una joven moza.
No puedo pensar en otra cosa
más que terror y desesperanza,
pues el sumo sacerdote avanza
hacia mi humanidad.
¡Qué horrible noche elegiste,
para tener una maldición!
rendir holocausto fue tu misión
desde el día en que naciste.
Y contra mi voluntad, para su agrado
pone violentamente en mi mano
un viejo instrumento agrario.
Ya no soy dueño de mis actos,
me acerco al altar con premura
y casi con soltura
comienzo a trabajar.
Bellos sus ojos, perfecta su voz
oigo los cantos de la secta al fondo
mientras extraños rostros miran
como incansablemente hundo
en ella mi carne y mi hoz.
¡Qué horrible noche elegiste,
para tener una maldición!
rendir holocausto fue tu misión
desde el día en que naciste.
Es una completa masacre atroz
cuando sus terribles perfiles se levantan
y hacia el cielo las miradas se alzan
para mirar al creador y su faz.
Y su estruendosa risa truena,
regocijándose de la sanguinolenta presa,
al mirar que de cuajo se separa la cabeza
y es arrojada directo hacia la llama plena.
El fuego devuelve el silencio arrancado
al cesar las oraciones y los cantos
que llenaban el aire estancado
y el sueño posa en mí su manto.
Sólo el sol y su brillo santo
me devuelve grácil al cómodo lecho
desvanece el miasma impuro,
mientras me pregunto, inseguro:
¿Qué es lo que he hecho?