Letra da música
Entre pasillos y rutinas te miraba,
una estrella que en el cielo se escapaba.
En el trabajo yo era sombra, tú la luz,
cargando el peso de mi propia cruz.
Fuiste inalcanzable, un sueño de cristal,
mientras mi alma te buscaba sin final.
Veníamos de ayer, con el alma agotada,
de amores marchitos, de fe ya gastada.
Pero un beso... solo un beso bastó,
y el cansancio en un segundo se borró.
Unimos las vidas, el pacto se selló,
y desde ese día, el sol nos alumbró.
¡Ay, Marcela mi cosa! Mujer que mi vida cambió,
que un hogar con dos hijos del cielo me dio.
Dos ángeles bellos, regalo de Dios,
la prueba viviente de lo que somos los dos.
Eres mi refugio, mi paz, mi verdad,
mi compañera por la eternidad.
Quiero caminar hasta que el pie se canse,
que no haya camino que no nos alcance.
Con la piel arrugada y el alma encendida,
llegar de tu mano al final de la vida.
Y al mirar atrás, con el tiempo en las manos,
ver lo que logramos... en nuestros veranos.
De ser invisible, a ser tu destino...
Gracias, Marcela, por este camino.