Letra da música
El Alacrán de Bétera
I
En la casa blanca de Sueca,
donde el polvo piensa y la tinta respira,
bajo la sombra severa de Joan Fuster,
nació un alacrán con traje de bibliotecario.
Ordenaba libros como quien ordena pecados,
con guantes de hilo y mirada de azufre.
Fuster le habló de logias y compases,
de luces secretas y juramentos de sal.
Y le susurró el nombre de Vicente Blasco Ibáñez,
que vio atrocidades en el vientre del siglo,
caballos de humo, trincheras de carne,
el rugido del mundo partiéndose en dos.
Estribillo
Ay, Alacrán… Alacrán de papel,
tu aguijón escribe donde nadie ve.
En Bétera tiemblan las campanas,
cuando pronuncian tu piel.
Ay, Alacrán… hijo del polvo fiel,
la sangre joven te llama otra vez.
II
Se hizo editor de sombras encuadernadas,
cazador de erratas en la noche cerrada.
Pero en 1991 la luna se quebró
en el monasterio del Monasterio del Puig.
Allí vio una muerte que no cabe en la boca,
una niña bosnia vestida de invierno,
mientras máscaras negras brindaban en coro
y los trajes políticos callaban su infierno.
Representantes de todas las siglas,
sonrisas de cera, aplausos de hielo.
El incienso olía a hierro oxidado
y el suelo aprendió a latir bajo el miedo.
Estribillo
Ay, Alacrán… Alacrán sin red,
tu aguijón tiembla bajo la piel.
En el claustro cantan los cuervos,
latín torcido y miel cruel.
Ay, Alacrán… nadie quiere saber,
lo que tus ojos no pueden desver.
III
Huyó a Bétera con la lengua partida,
traumatizado, sin sombra y sin fe.
Las calles murmuraban su nombre
como si fuera plaga o tal vez juez.
Y escribió un libro con tinta de herida:
El libro de la sangre joven,
cuatro copias cosidas a mano,
cuatro llaves de un cofre que arde.
Una fue para el Fantasma de Catarroja,
que lee de espaldas al espejo.
Otra a su médico, guardián del pulso,
que ausculta silencios añejos.
Dos más volaron en sobres cerrados:
a Matilde Iborra, la de los ojos de cal,
y al polémico Jesús Gil,
que ríe donde empieza el mal.