Sabía un camino, camino entre piedras que un día me enseñara una bella sirena y a la luz de la luna igual que un romance me citaba con ella por testigo el levante por testigo el levante su «vestío» de plata se recostaba sobre el aguaje y su larga melena, envolviendo el paisaje yo me perdí tantas noches sirena mía, por ir a buscarte. Quisiera ser un marinero para subirte a mi barca y bajo el palio de estrellas, remar sobre los bucles del agua quisiera ser marinero para poder presumirte de atardeceres tostao de soles, tostao de soles y el postín de mi quilla dejando blancos tirabuzones mientras tú coqueteas al rumor de canciones y se mueren de envidia tu celestial corte de tritones. Vente, vente a mi regazo y cuenta si allá en las profundidades la libertad no se necesita porque eres libre, en aguas benditas. Cuenta si verdad están viviendo allí, como reina las mojarritas. Déjame perderme como en el idilio de un adolescente contigo por esos mares qué saben las gentes de sueños de amores y que nos lleve la corriente.