La muerte llegó curiosa A Amatenango ancestral, Donde el barro cobra vida Y el tzeltal es manantial. Al 256 se acercó Con su vestido de gala, Oyendo risas y voces Que el viento tibio regala. En el salón del profe Jairo La huesuda se asomó, Viendo alumnos que en tzeltal y español Compartían su mejor yo. "¡Bayuk me la jk'antik!" Los muchachos exclamaban, Mientras conceptos sociales Con su profe analizaban. Entre libros y debates La clase se transformaba, Y hasta la muerte sonriente Las dinámicas gozaba. Vio las manos laboriosas Que el barro saben moldear, Como sus mentes brillantes Que no dejan de crear. "¡Qué bonito es ver la ciencia Con la tradición bailar!" Dijo la muerte encantada Sin poderlo evitar. Los alumnos muy contentos Sus proyectos presentaban, Y en el lab social con Jairo Mil historias investigaban. La Catrina sorprendida Por tal sabiduría local, Quiso llevarse al maestro A su reino espectral. Pero al ver tanta alegría, Conocimiento y unión, Entre tzeltales y mestizos Aprendiendo con pasión, Decidió mejor sentarse En un rincón del salón, A escuchar las enseñanzas Y aprender de la lección. "Me quedo aquí", dijo alegre, "Donde el saber es tesoro, Donde el profe y sus alumnos Tejen palabras de oro." Y en Amatenango sigue, Entre barros y textiles, Viendo al profe y sus alumnos Crear futuros más gentiles. La muerte ahora es alumna En las clases de Humanidades, Aprendiendo que el conocimiento Rompe todas las edades.