El dia que me toque

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Music Created By Roberty Blandino With Suno AI

Cover of the song El dia que me toque
El dia que me toque
v4.5

@Roberty Blandino

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El dia que me toque
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Lyrics
INTRO – HABLADO]
Tengo una pregunta que quizás no te guste: ¿De qué te sirve conquistar el mundo si nunca encuentras tiempo para vivir tu propia vida?
Nos pasamos los días haciendo planes, comprando cosas, pagando cuentas, persiguiendo un futuro que nadie nos ha garantizado.
Y mientras tanto... la vida sigue pasando.
[VERSO 1]
Me levanté temprano, revisé mi celular,
tenía veinte notificaciones y una deuda que pagar.
La tarjeta estaba al límite, pero había que aparentar,
un reloj de marca en la muñeca y otro mes por comenzar.
Un carro del año, cuatro aros, aire acondicionado,
un apartamento bonito, un crédito hipotecado.
La foto en Instagram mostrando felicidad,
pero nadie sabe cuánto cuesta mantener la vanidad.
Nos venden la receta para ser alguien importante,
un teléfono más moderno, un vehículo impresionante.
Trabajamos para comprar lo que después nos hace esclavos,
y el banco cobra intereses por los sueños aplazados.
Tenemos mil contactos, pero pocos conocidos,
conversaciones interminables y encuentros compartidos
que se quedan en la pantalla, en un mundo de apariencias,
donde todos tienen de todo, menos tiempo para su existencia.
Y yo me pregunto, mirando pasar los años:
¿cuándo fue que confundimos vivir con tener un patrimonio?
[CORO]
El día que me toque morir,
no habrá tarjeta que pueda pagar,
ni un automóvil que me lleve de vuelta,
ni una fortuna que compre un día más.
El día que me toque partir,
mis posesiones se quedarán aquí.
Que alguien me diga qué vine a buscar,
si por tener tantas cosas me olvidé de vivir.
[VERSO 2]
Heidegger puso una pregunta sobre la mesa,
no hablaba de cementerios ni de tristeza.
Hablaba del hombre frente a su propia existencia,
de esa muerte que acompaña nuestra vida en permanencia.
Nadie puede morir la muerte que me corresponde,
ni comprar otra existencia, ni cambiarme el nombre.
Es mi posibilidad última, mi límite personal,
la certeza de que un día se termina el recorrido vital.
Pero vivimos distraídos, huyendo de esa verdad,
con el calendario lleno y vacía la voluntad.
Mañana voy a llamarte, mañana voy a viajar,
mañana arreglo las cosas, mañana voy a empezar.
Mañana le digo al viejo cuánto agradezco su enseñanza,
mañana abrazo a mis hijos, mañana alimento la esperanza.
Mañana busco aquel amigo que hace tanto no he encontrado,
y cuando quiero darme cuenta, muchos años han pasado.
El mañana es una promesa que no firma ningún banco,
no aparece en los contratos ni se compra por encargo.
Y aunque nadie quiera hablar de ese asunto tan profundo,
la muerte no necesita anunciarse por el mundo.
[CORO]
El día que me toque morir,
no habrá tarjeta que pueda pagar,
ni un automóvil que me lleve de vuelta,
ni una fortuna que compre un día más.
El día que me toque partir,
mis posesiones se quedarán aquí.
Que alguien me diga qué vine a buscar,
si por tener tantas cosas me olvidé de vivir.
[VERSO 3 – MÁS RÁPIDO, CON FUERZA]
Hay quienes viven según el gusto de la mayoría,
repitiendo las consignas que les venden cada día.
El político promete, el comerciante te seduce,
el algoritmo te conoce, te vigila y te conduce.
Tienes que vestir de marca, tienes que tener un buen coche,
demostrar que eres feliz desde la mañana hasta la noche.
Hay que mostrar los restaurantes, las vacaciones, los viajes,
aunque detrás de cada foto se acumulen los mensajes:
«Debo tanto, pago tanto, no me alcanza el salario,
tengo un lujo que mantener y un corazón hipotecado».
¡Qué paradoja la nuestra, qué extraña contradicción!
Compramos comodidad y vendemos nuestra atención.
El reloj cuenta los minutos, pero no cuenta los abrazos,
y hay personas que se pierden persiguiendo sus fracasos.
Heidegger habla del uno, de esa vida impersonal,
cuando el mundo decide por ti qué pensar y qué comprar.
Ser auténtico no es vestirse diferente a los demás,
es tener criterio propio y decidir hacia dónde vas.
No es despreciar el dinero, ni vivir de fantasía,
es que el dinero no decida el valor de tu existencia.
Puedes conducir un Mercedes, tener un yate en altamar,
pero si nunca fuiste dueño de tu vida, ¿qué pudiste conquistar?
[PUENTE – HABLADO, REFLEXIVO]
Hay una diferencia entre saber que vamos a morir
y vivir conscientes de que vamos a morir.
Lo primero es una información.
Lo segundo puede cambiar una existencia.
Porque nadie puede sustituirte en tu propia vida.
Nadie puede tomar tus decisiones por ti
y nadie puede recorrer tu último camino en tu lugar.
[VERSO 4 – NARRATIVO]
Conocí un hombre que tenía todo lo que había deseado,
dos casas, tres vehículos y un negocio bien montado.
Sus hijos en el extranjero, sus cuentas al día,
pero llevaba muchos años sin sentarse con su familia.
Un día recibió una llamada que cambió su calendario,
un diagnóstico inesperado, un asunto hospitalario.
Y en aquella habitación, sin su traje de ejecutivo,
comprendió que era un hombre, no un balance financiero.
Miró por la ventana, vio la gente apresurada,
cada cual con sus asuntos, con su vida programada.
Pensó en todas las mañanas que dejó para después,
INTRO – HABLADO] Tengo una pregunta que quizás no te guste: ¿De qué te sirve conquistar el mundo si nunca encuentras tiempo para vivir tu propia vida? Nos pasamos los días haciendo planes, comprando cosas, pagando cuentas, persiguiendo un futuro que nadie nos ha garantizado. Y mientras tanto... la vida sigue pasando. [VERSO 1] Me levanté temprano, revisé mi celular, tenía veinte notificaciones y una deuda que pagar. La tarjeta estaba al límite, pero había que aparentar, un reloj de marca en la muñeca y otro mes por comenzar. Un carro del año, cuatro aros, aire acondicionado, un apartamento bonito, un crédito hipotecado. La foto en Instagram mostrando felicidad, pero nadie sabe cuánto cuesta mantener la vanidad. Nos venden la receta para ser alguien importante, un teléfono más moderno, un vehículo impresionante. Trabajamos para comprar lo que después nos hace esclavos, y el banco cobra intereses por los sueños aplazados. Tenemos mil contactos, pero pocos conocidos, conversaciones interminables y encuentros compartidos que se quedan en la pantalla, en un mundo de apariencias, donde todos tienen de todo, menos tiempo para su existencia. Y yo me pregunto, mirando pasar los años: ¿cuándo fue que confundimos vivir con tener un patrimonio? [CORO] El día que me toque morir, no habrá tarjeta que pueda pagar, ni un automóvil que me lleve de vuelta, ni una fortuna que compre un día más. El día que me toque partir, mis posesiones se quedarán aquí. Que alguien me diga qué vine a buscar, si por tener tantas cosas me olvidé de vivir. [VERSO 2] Heidegger puso una pregunta sobre la mesa, no hablaba de cementerios ni de tristeza. Hablaba del hombre frente a su propia existencia, de esa muerte que acompaña nuestra vida en permanencia. Nadie puede morir la muerte que me corresponde, ni comprar otra existencia, ni cambiarme el nombre. Es mi posibilidad última, mi límite personal, la certeza de que un día se termina el recorrido vital. Pero vivimos distraídos, huyendo de esa verdad, con el calendario lleno y vacía la voluntad. Mañana voy a llamarte, mañana voy a viajar, mañana arreglo las cosas, mañana voy a empezar. Mañana le digo al viejo cuánto agradezco su enseñanza, mañana abrazo a mis hijos, mañana alimento la esperanza. Mañana busco aquel amigo que hace tanto no he encontrado, y cuando quiero darme cuenta, muchos años han pasado. El mañana es una promesa que no firma ningún banco, no aparece en los contratos ni se compra por encargo. Y aunque nadie quiera hablar de ese asunto tan profundo, la muerte no necesita anunciarse por el mundo. [CORO] El día que me toque morir, no habrá tarjeta que pueda pagar, ni un automóvil que me lleve de vuelta, ni una fortuna que compre un día más. El día que me toque partir, mis posesiones se quedarán aquí. Que alguien me diga qué vine a buscar, si por tener tantas cosas me olvidé de vivir. [VERSO 3 – MÁS RÁPIDO, CON FUERZA] Hay quienes viven según el gusto de la mayoría, repitiendo las consignas que les venden cada día. El político promete, el comerciante te seduce, el algoritmo te conoce, te vigila y te conduce. Tienes que vestir de marca, tienes que tener un buen coche, demostrar que eres feliz desde la mañana hasta la noche. Hay que mostrar los restaurantes, las vacaciones, los viajes, aunque detrás de cada foto se acumulen los mensajes: «Debo tanto, pago tanto, no me alcanza el salario, tengo un lujo que mantener y un corazón hipotecado». ¡Qué paradoja la nuestra, qué extraña contradicción! Compramos comodidad y vendemos nuestra atención. El reloj cuenta los minutos, pero no cuenta los abrazos, y hay personas que se pierden persiguiendo sus fracasos. Heidegger habla del uno, de esa vida impersonal, cuando el mundo decide por ti qué pensar y qué comprar. Ser auténtico no es vestirse diferente a los demás, es tener criterio propio y decidir hacia dónde vas. No es despreciar el dinero, ni vivir de fantasía, es que el dinero no decida el valor de tu existencia. Puedes conducir un Mercedes, tener un yate en altamar, pero si nunca fuiste dueño de tu vida, ¿qué pudiste conquistar? [PUENTE – HABLADO, REFLEXIVO] Hay una diferencia entre saber que vamos a morir y vivir conscientes de que vamos a morir. Lo primero es una información. Lo segundo puede cambiar una existencia. Porque nadie puede sustituirte en tu propia vida. Nadie puede tomar tus decisiones por ti y nadie puede recorrer tu último camino en tu lugar. [VERSO 4 – NARRATIVO] Conocí un hombre que tenía todo lo que había deseado, dos casas, tres vehículos y un negocio bien montado. Sus hijos en el extranjero, sus cuentas al día, pero llevaba muchos años sin sentarse con su familia. Un día recibió una llamada que cambió su calendario, un diagnóstico inesperado, un asunto hospitalario. Y en aquella habitación, sin su traje de ejecutivo, comprendió que era un hombre, no un balance financiero. Miró por la ventana, vio la gente apresurada, cada cual con sus asuntos, con su vida programada. Pensó en todas las mañanas que dejó para después,
Style of Music
Rap filosofico narrativo

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