INTRO – HABLADO]
Si la vida es un relato, cada día escribe una página. Cada decisión deja una huella. Y la muerte... la muerte debería ser el desenlace.
[VERSO 1]
Si la vida es un relato, cada cual escribe su historia, con derrotas y victorias, con fracasos y memorias.
Somos autores de un camino que nadie puede recorrer, cada cual carga su destino, cada cual tiene su ayer.
Pero hay finales que no llegan al capítulo esperado, hay historias que terminan con el guion arrebatado.
Y no es morir solamente, es perder hasta el derecho de cerrar dignamente lo que construimos con esfuerzo.
[CORO]
¡Que nadie escriba mi final! ¡Que nadie robe mi partida! La muerte no debe ser una condena de la vida.
¡Que nadie expropie mi historia! ¡Que nadie decida por mí! Porque morir es un destino, pero hay dignidad hasta el fin.
[VERSO 2]
No hay peor muerte que aquella que te arrebata hasta el final, cuando la violencia se convierte en dueña de tu voluntad.
Te despojan de tus afectos, de tu historia, de tu gente, te convierten en un número, en una ausencia entre los presentes.
Y entonces la despedida se transforma en agonía, no hay abrazo, no hay palabra, no hay espacio para el último día.
La tragedia no es solamente que se termine la existencia, es que otros escriban por nosotros el final de nuestra experiencia.
[CORO]
¡Que nadie escriba mi final! ¡Que nadie robe mi partida! La muerte no debe ser una condena de la vida.
¡Que nadie expropie mi historia! ¡Que nadie decida por mí! Porque morir es un destino, pero hay dignidad hasta el fin.
[VERSO 3 – MÁS INTENSO]
¿Qué somos sino relatos que transitan por la historia? Un conjunto de momentos, de preguntas y de memorias.
Y si vivir es escribir, si cada instante es una página, ¿quién tiene derecho a destruir lo que una existencia abarca?
No reclamamos eternidad, ni vencerle al calendario, solo un final con dignidad, no un desenlace arbitrario.
Que la muerte no sea un crimen, que no nos roben la despedida, que nadie convierta en terror el último acto de una vida.
[OUTRO – HABLADO]
La vida nos pertenece mientras la escribimos.
Y aunque la muerte sea inevitable, la dignidad no debería ser negociable.
Porque hay muertes que terminan una vida... y hay otras que nos expropian hasta la forma de morir.