Lyrics
LA ECUACIÓN DE ESTAR VIVO
Nací sin elegir las reglas del juego,
sin pedir conciencia, ni fecha, ni cuerpo;
me dieron un nombre, una historia, un lugar,
y desde entonces no paro de preguntar.
¿Qué significa existir
si sabemos de antemano que vamos a morir?
¿Somos lo que hicimos, lo que no sucedió,
o las vidas posibles que el tiempo clausuró?
Cada elección sepulta otra posibilidad,
cada “sí” lleva escondido un ejército de “quizás”.
Y eso me persigue cuando miro hacia atrás:
cuántos hombres fui
que jamás llegarán.
Quise culpar al destino
por mis derrotas y mi desatino,
hasta comprender algo peor:
el destino no firma mis decisiones,
no carga mis errores,
no responde por mis omisiones.
CORO
¿Quién soy?
¿El hombre que fui
o el que nunca pude ser?
¿Soy dueño de mi vida
o apenas su intérprete?
Si todo termina,
¿qué significa ganar?
Si nada tiene sentido,
¿por qué seguimos buscando
uno que encontrar?
La conciencia es una extraña condena:
saber que vamos a morir
y fabricar eternidad con las pequeñas cosas.
Amamos como si fuéramos permanentes,
hacemos planes como si el futuro
fuera propiedad de nuestra mente.
Y envejecemos.
Lo terrible no es perder los años;
es descubrir que cada año perdido
también era una posibilidad.
Yo también confundí cobardía con prudencia,
resignación con madurez,
costumbre con certeza.
Y fui cambiando.
Entonces entendí que la identidad
quizá no sea más que una narración
que la memoria inventa
para convencerme de que sigo siendo yo.
Porque aquel muchacho que recuerdo
ya no existe.
Y, sin embargo,
algo de él todavía responde
cuando escucho su nombre.
CORO
¿Quién soy?
¿El hombre que fui
o el que nunca pude ser?
¿Soy dueño de mi vida
o apenas su intérprete?
Si todo termina,
¿qué significa ganar?
Si nada tiene sentido,
¿por qué seguimos buscando
uno que encontrar?
Heredé ideas, miedos, deseos;
me enseñaron qué amar
antes de preguntarme qué quería.
Pero llegó un día
en que comprendí la parte más incómoda:
nadie va a vivir por mí.
Ni Dios, ni el destino,
ni la historia, ni los muertos.
Yo.
Frente a esta existencia
breve, contingente, inexplicable,
tengo que decidir
qué hacer con ella.
Quizá vivir no sea encontrar respuestas.
Quizá sea soportar las preguntas
sin inventarnos una mentira
para dormir tranquilos.
Y si al final no encuentro sentido,
si la muerte borra mi última palabra,
me quedará al menos esta certeza:
estuve aquí.
No sé si eso basta.
Pero mientras pueda preguntar,
mientras pueda pensar,
mientras pueda escribir,
la ecuación sigue abierta