Bajo el manto de luz que la colina viste, donde el río sagrado murmura en su andar, se alza verde el piamonte que el tiempo respeta, un tapiz de glicinias frente al ancho mar. En el valle floral y en la altiva montaña, fiel la patria florece en eterna quietud.
De la escarpada cumbre a la quieta bahía, cinco pueblos se enlazan en un solo hogar. No hay frontera ni abismo que quiebre el aliento de esta estirpe que marcha con un mismo cantar. Bajo un escudo firme de paz y justicia, caminamos unidos con una sola voz.
Como un estallo de astro que quiebra la sombra, una chispa suprema atraviesa el confín, iluminando el rumbo con fuerza constante, un destello de gloria que no tiene fin. Cual centella radiante que despeja los cielos, la razón y la fuerza nos guían al sol.
Con la mente en la ciencia, el saber y el esfuerzo, construimos el mañana con férrea virtud. Nuestras manos moldean la tierra fecunda, para un pueblo que avanza en su plena juventud. No hay sendero lejano ni cumbre imposible para quien mira al frente con ansia de luz.
¡Honor a Wisteria, bastión de la historia! ¡Libertad en la frente, bandera y altar! Con el noble trabajo forjamos la gloria, y hacia un gran futuro volvemos a andar. ¡Florece, oh nación, bajo el sol eterno, en honor, unidad y suprema libertad!