Hoy no tengo más que gratitud. Ahora sí ya puedo decir que contemplo la vida como si me despidiera: no tengo más que gratitud. Tanto nacer como morir, solo se hace una vez, pero hasta que ambas acciones se encuentren en mí, he tenido que estar necesariamente viva. Necesariamente viva: ¿Es también en mi caso necesariamente esquiva? Porque hasta que me encuentras, me resisto, lamento o embistió. Hoy no tengo más que gratitud. ¿Cómo voy a nacer siendo ya viejo? Preguntó alguien... Sal de tu esquema y de tu sistema y simplemente nace, nace. Hoy no tengo más que gratitud por los amaneceres y atardeceres, por las penas y luchas cotidianas, las verdades que me incomodaron y los abrazos que me dieron sin merecimiento alguno, las críticas que recibí y los amargos tratos, la buena información y la gastronomía cotidiana, la capacidad de enseñar y haber perdonado casi todo. Hoy no tengo más que gratitud y Tú regalas a mis rupturas, una paz difícilmente descifrable. Hoy no tengo más que gratitud.