Que fácil que pasa el segundo. Una respiración corta, el sonido de una hoja golpeando en el techo. El segundo es tan veloz, que apenas se percibe en el reloj con su segundero. Que fácil se pasa el minuto, Durá lo que dura tomar un mate. Lo que dura atizonar un fuego entre brazas de instantes. Que rápido pasan las horas, los días, Se esfuman tan de prisa, que a veces nos cuesta ver las huellas en los senderos llenos de cenizas. No somos dueños del pasado. Apenas astesoramos recuerdos. El presente es un fósforo encendido. El futuro un milagro probable que quizás empiece de nuevo. Miguel Faes