Lyrics
[1]
Me gusta ver el cielo con negros nubarrones
y oír los aquilones horrísonos bramar,
me gusta ver la noche sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas la tierra iluminar.
[2]
Me agrada un cementerio de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno que impida el respirar,
y allí un sepulturero de tétrica mirada
con mano despiadada los cráneos machacar.
[3]
Me alegra ver la bomba caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo, sin mecha al parecer,
y luego embravecida que estalla y que se agita
y rayos mil vomita y muertos por doquier.
[4]
Que el trueno me despierte con su ronco estampido,
y al mundo adormecido le haga estremecer,
que rayos cada instante caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento me agrada mucho ver.
[5]
La llama de un incendio que corra devorando
y muertos apilando quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano, volverse todo tea,
y oír como chirrea ¡qué gusto!, ¡qué placer!
[6]
Me gusta una campiña de nieve tapizada,
de flores despojada, sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten, ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre la muerte en derredor.
[7]
Allá, en sombrío monte, solar desmantelado,
me place en sumo grado la luna al reflejar,
moverse las veletas con áspero chirrido
igual al alarido que anuncia el expirar.
[8]
Me gusta que al Averno lleven a los mortales
y allí todos los males les hagan padecer;
les abran las entrañas, les rasguen los tendones,
rompan los corazones sin de ayes caso hacer.
[9]
Insólita avenida que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega, y arrasa por doquier;
se lleva los ganados y las vides sin pausa,
y estragos miles causa, ¡qué gusto!, ¡qué placer!
[10]
Las voces y las risas, el juego, las botellas,
en torno de las bellas alegres apurar;
y en sus lascivas bocas, con voluptuoso halago,
un beso a cada trago alegres estampar.
[11]
Romper después las copas, los platos, las barajas,
y abiertas las navajas, buscando el corazón;
oír luego los brindis mezclados con quejidos
que lanzan los heridos en llanto y confusión.
[12]
Me alegra oír al uno pedir a voces vino,
mientras que su vecino se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos, en trino desusado,
cantan al dios vendado impúdica canción.
[13]
Me agradan las queridas tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos, sin orden el cabello,
al aire el muslo bello… ¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!