Testi
Nos presentaron a finales de los ochenta,
tu llevabas carmín rojo esa ves,
yo era un simple gilipollas que me quería enamorar,
hasta que la vida dijo vos parad...
Y se apagaron los días como luces de neón,
me quedé sin calendario, sin trabajo y sin voz,
y en la puerta de aquel sitio con olor a burocracia,
te vi por primera vez con tu sonrisa de amenaza.
Tú, señora del expediente,
con tacones de papel sellado,
me miraste como se mira a un náufrago cansado,
y firmaste mi condena sin tocarme las manos.
Y me dejaste en el aire, sin suelo ni redención,
con promesas que se rompen dentro de un buzón,
mientras tú bailabas lenta entre sellos y poder,
con ojos de calendario que no quieren ceder.
Eres el demonio con traje institucional,
la calma que sonríe antes de morder lo real,
me dijiste “vuelva mañana” mil veces sin razón,
y cada mañana era otra forma de humillación.
Pero yo aprendí tu nombre entre carpetas y dolor,
leí cada injusticia como quien lee su interior,
y juro que en tus muros encontré una grieta al fin,
donde cabía mi rabia creciendo dentro de mí.
Coro:
Y luché, luché contra tu sombra legal,
contra tu laberinto de papel infernal,
siete años de guerra sin espada ni paz,
pero aprendí que a veces el tiempo sabe matar.
Tú, reina de oficinas sin corazón ni verdad,
me llamabas “caso perdido” con total naturalidad,
pero cada “no procede” era un fuego en mi piel,
una razón más para no dejarme vencer.
Y hubo noches en que todo quiso terminar,
cuando el sistema era un muro imposible de saltar,
pero algo en mi garganta no quiso olvidar,
que incluso lo imposible también se puede ganar.
Coro:
Y luché, luché contra tu sombra legal,
contra tu laberinto de papel infernal,
siete años de guerra sin espada ni paz,
y aprendí que la herida también puede sanar.
Puente:
Y te vi derrumbarte sin hacerte sangrar,
solo leyes bien usadas te empezaron a quebrar,
y entendí que el infierno también puede temblar,
cuando alguien cansado decide no callar jamás.
Final:
Hoy no eres diosa, ni juez, ni demonio al final,
solo un recuerdo frío de un sistema banal,
y yo sigo de pie, con cicatrices y luz,
porque al fin vencí al monstruo que me quitó la salud.