Testi
(Intro)
Miro al cielo buscando una señal entre el gris,
tratando de encontrar el rastro que dejaste aquí.
Éramos dos sombras corriendo tras el mismo destino,
ahora me toca a mí solo completar el camino.
Me dejaste el vacío, pero también el coraje,
llevo tu risa guardada como el mejor equipaje.
A veces el silencio golpea más fuerte que un puño,
pero tu nombre es el sello que le pongo a mi orgullo.
(Estribillo)
No te fuiste del todo, te quedaste en mi sangre,
aunque el pecho me queme y el dolor sea gigante.
Cada paso que doy, es un paso por los dos,
tú pones la luz, yo le pongo la voz.
Hermano, descansa, que yo cuido el terreno,
convertiré en victoria cada gramo de este veneno.
(Verso 1)
Dibujaste planos que el tiempo no pudo borrar,
arquitecto de sueños que hoy me toca edificar.
Nico, tu carisma era el puente que unía a la gente,
una estructura de luz, sólida y siempre presente.
Diecisiete inviernos y el cemento sigue fresco,
porque tu ausencia es un peso que a diario padezco.
Pero la familia es el templo que dejaste diseñado,
aunque falte una columna, el cimiento está blindado.
No hacían falta escuadras para medir tu nobleza,
eras la simetría perfecta entre alma y destreza.
Hoy te busco en los ángulos de cada viejo portal,
en el diseño de un mundo que sin ti no es igual.
Aún te extrañamos con la fuerza de un primer día,
reconstruyendo el hogar con tu paz y tu guía.
Hermano, tu legado no es piedra ni es hormigón,
es el plano de amor que grabaste en mi corazón.
(Verso 2)
Eras el diseño perfecto, pero con grietas internas,
un sol para nosotros con noches eternas.
Qué ironía que un experto en trazar estructuras
no hallara el soporte para sus propias fisuras.
Tu carisma era el muro que ocultaba el abismo,
protegiendo a la estirpe de tu propio cataclismo.
Nadie vio la sombra, ni el nudo, ni el miedo,
te marchaste en silencio, quemándote el dedo.
Culpamos al viento, a la vista, al destino,
por no ver los escombros en mitad del camino.
Diecisiete años cargando el "por qué" y el "si hubiera",
pero tu depresión fue una cárcel de acero y madera.
Hoy suelto la culpa, te entiendo y te abrazo,
aunque el nudo en mi alma no encuentre el descanso.
Arquitecto de risas, de luz y de fe,
perdona que el peso no te lo quité.
(Verso 3)
Pero este año el puerto se tiñó de amarillo y de negro,
un grito de gloria que rompió cualquier desencuentro.
Coquimbo Unido es campeón, el Sánchez Rumoroso estalló,
y en cada bandera, Nico, tu esencia vibró.
Sé que en la tribuna del cielo no hubo silencio,
que alentaste con fuerza, saltando sobre el solsticio.
Porque los que se fueron no dejan de ser del aurinegro,
son la hinchada inmortal que cuida cada reintegro.
No fue solo un trofeo, fue un pacto con la memoria,
ustedes empujaron la pelota hacia la historia.
Desde el cielo bajaba un viento con fuerza de mar,
el aliento pirata que nadie podrá silenciar.
Gritamos el gol mirando hacia lo más alto,
sintiendo que tu alegría bajaba hasta el asfalto.
Campeones aquí, y campeones allá