Paroles
Vengo de un valle, de patios sin límites cardinales,
con ríos sin alambradas,
con montañas de pinos erguidos,
guardando en su lecho la historia de sus aguas.
Mesopotamia atrapada por el río
que corre hacia donde nace el sol,
y una hilera de altas montañas.
Vengo de donde las estaciones se dilatan,
donde el verano se extiende a sus anchas,
donde se escriben poemas con olor a café,
donde el cacao delata la riqueza de sus campos.
Hubo una época en que la lluvia se alzaba
por las verdes montañas
y anunciaba al viajero
que ya llegaba.
Hoy, solitario,
sin los guerreros del pasado,
navega tu río, flaco, lento y contaminado.
Ya el sol no ilumina tu cañaveral
y las doncellas no deshojan las rosas,
lanzando sus pétalos para dar color a los caminos
de una llanura donde los hombres bravíos forjaron su historia,
donde los campesinos tomaban la tierra
para sacar alimento de sus mismas entrañas.
De un rinconcito de la patria querida,
de un pedacito donde la pobreza lo abraza
con la esperanza dormida,
soy de un camino obligado,
de norte a sur, de sur a norte,
donde una vez se endulzó con melao,
donde su azúcar se envolvió en su propio papel.
De ahí soy,
y ahí volveré
a oír el canto del gallo,
el maullar nocturno de los gatos
correteando por el tejado de zinc.
De ese terruño
donde también pienso dormir.