¡Vaya, que importarte es el liderazgo! Pues sin él El rumbo perderíamos Y a un abismo nos caeríamos Es quien levanta en la duda A aquel que se siente vencido Con mirada estable y desnuda, otorgándole paz al corazón No son órdenes que imponen obediencia, Ni voz que calle los pensamientos. Es guía que con su presencia Inspira a seguir adelante no olvidando que cada paso paso se vuelve importante. Es la mano que siempre sostiene Cuando el mundo se vuelve incierto, Es la fe que al final nos mantiene, Aunque el camino este cubierto Su mirada es firme e inspiradora, Una chispa de fuerza callada, no impone con gritos ni exige más bien guía con sus pasos. El verdadero líder no busca grandeza, sino iluminar a otras luces en la oscuridad, pues su triunfo y nobleza es que cada uno se engrandezca. Sabe escuchar sin prisa, leer el silencio y la duda, porque el líder entiende y respira el peso de cada lucha. Y así, con humildad y nobleza va dejando su huella sin hacer ruido, su grandeza quedará en la estancia, del bien que en otros ha logrado encender.