Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raices humanas, nos interesan y nos impactan a todos. El movimiento ecológico mundial ya ha recorrido un largo, y rico camino, y ha generado númerosas agrupaciones ciudadanas que ayudaron a la concientizacion. Lamentablemente, muchos esfuerzos para buscar soluciones concretar a la crisis ambiental suelen ser frustrados no solo por el rechazo de los poderosos, sino también por la falta de interés de los demás. Las actitudes que obstruyen los caminos de solución, aún entre los creyentes, van de la negación del problema a la indiferencia, la resignación cómoda o la confianza ciega en las soluciones técnicas. Necesitamos una solidaridad universal nueva. Cómo dijieron los Obispos de Sudáfrica, se necesitan los talentos y la implicación de todos para reparar el daño causado por el abuso humano a la creación de Dios. Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación cada un desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades