Recorro los pasillos del crepúsculo, donde el alma se desnuda y habla, y de pronto me nace un poema que en lo más hondo del corazón estalla, Las hojas danzan sobre la tierra.
Vi la luna bordando mis desvelos, mientras se enlazaban los versos en la penumbra, gritos de amor escapan por las veredas y pinté la piel desnuda de una pasión profunda.
En este otoño los recuerdos florecen, entre pétalos marchitos y nostalgia; un hombre, aparentemente vencido escribe aquello que todavía le estremece el alma, gastando los días que se lleva el viento.
Sobre mis ruinas se amontonan los recuerdos, y vuelvo a escribir cuanto la vida me reclama; Dijo el hombre cabeza de blanco que caminaba con su pluma tinta de canas .
Escribió sus verdades, En esa memoria que poco a poco se escapa, Mientras su existencia apresura su marcha.
Y al contemplar el trayecto recorrido, descubro que, más que niebla, tuvo la suerte; De vivir la aventura Los luceros del cielo Las flores coloridas Los amores sinceros Y el traginar de la vida Ser un hombre con suerte Pasiones y heridas Ahora espero la inevitable muerte.