Poeta negro, el pecho de una doncella te obsesiona, poeta amargado, la vida hierve y la ciudad se quema, y el cielo disminuye en lluvia, tu pluma escarba en el corazón de la vida. Selva, selva, tus ojos hormiguean sobre las fachadas multiplicadas cabellos de tormenta, los poetas montan caballos, montan perros. Los ojos se enfurecen, las lenguas dan vueltas, el cielo afluye a las narices como una leche azul y nutritiva; Estoy a vuestras bocas suspendido, mujeres, corazones de vinagre duros.