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(Estrofa 1)
En el rancho, señores, se oye un nombre con respeto,
Antonio Arias, el hombre, de gran valor y gran tiento.
No había labor en el campo que le causara un lamento,
Con el sol de la mañana, ¡listo para el movimiento!
(Coro)
Le gustaba mucho los animales,
Becerros, vacas, todo en general,
Su vida era el monte, el aire natural,
Y nunca se rajó para trabajar, ¡eso es verdad!
(Estrofa 2)
Al ganado él cuidaba con cariño y con esmero,
Desde el monte hasta el corral, era el mejor vaquero.
Y al caer la tarde, después de tanto sendero,
Un merecido descanso, con amigos verdaderos.
(Coro)
Le gustaba mucho los animales,
Becerros, vacas, todo en general,
Su vida era el monte, el aire natural,
Y nunca se rajó para trabajar, ¡eso es verdad!
(Puente)
Pero no todo era trabajo, también tenía su sabor,
Los juegos era su pasión, un rato de diversión.
Y para refrescar el alma, y calmar el calor,
Echarse unas claritas, siempre era la mejor opción.
(Estrofa 3)
Con una sonrisa en el rostro, y un espíritu fuerte,
Antonio vivió su vida, hasta que llegó la muerte.
Su ejemplo queda sembrado, para que la gente recuerde,
Que un hombre trabajador, jamás se da por inerte.
(Coro)
Le gustaba mucho los animales,
Becerros, vacas, todo en general,
Su vida era el monte, el aire natural,
Y nunca se rajó para trabajar, ¡eso es verdad!