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Desde el alba se levanta con el alma en disciplina,
una carta en el bolsillo y la patria por rutina.
Deja madre, deja hermanos, deja todo lo que ama,
por cuidar bajo el sol, la bandera que lo llama.
No hay camino sin espinas ni misiones sin dolor,
pero aprende que la fuerza se forja con el valor.
Y aunque el miedo lo acompañe en cada madrugada,
no lo vence, lo domina… con la fe bien aferrada.
Ser soldado es dar la vida sin pedir explicación,
es llorar en silencio cuando duele el corazón.
Es mirar al cielo y prometer regresar,
aunque el viento diga “no”, él decide continuar.
Hay días que el uniforme pesa más que su deber,
cuando ve la injusticia y no la puede resolver.
Mas aún así responde: “por mi tierra, por mi gente”,
porque un soldado no se rinde… sólo marcha hacia el frente.
Y si cae, no muere en vano, deja huellas en la historia,
su memoria es la bandera que flamea en la victoria.
Y en los rezos de su madre, vuelve siempre, aunque no esté,
porque ser soldado es vivir… aunque la vida se fue.
Ser soldado es darlo todo sin buscar ningún lugar,
es amor en la batalla y esperanza en el final.
Es mirar al cielo y jurar sin titubear,
que por México y su gente… nunca dejará de luchar.