A la luz de la luna cuatro caminantes en una noche itinerante, entre risadas y la botella de un licor barato intragable por entre las sombras de los orientales unos zapatos policiales iluminan nuestros rostros con linternas despreciables, y somos simples imberbes asustados de una noche insoportable rumbo al calabozo de una dictadura indomable. Fuimos victimas de una noche arrebatada de la diversión sumisos de la autoridad, ya no eramos más que unos sacrificados aturdidos de la mediocridad, ni charly, ni viejas canciones consuelan la veracidad. Una mañana de domingo, cuando todo duerme, cuando nadie se importa por tu claridad. Una noche sin testigos, ni oportunidad, Un día incierto lleno pero de esa autoridad. Dos niños sueltos, y dos atrapados por la mediocridad... que la indiferencia del mundo te asuste, te deje congelado por la monstruosidad. Y vamos de nuevo al desvelo, a la bullante noche de un sabado de necesidad, que las chicas nos saquen de la hostilidad, a la luz de la luna y su identidad Tira para arriba decía esa canción en la oscuridad y ahora yacemos en la disparidad de estas vidas que formamos en la realidad, donde solo somos solo un destello de luminosidad.