(verso 1) En el reino olvidado de Camavor, existió una vez un pueblo alejado del trono. Fue aquí, en las colonias rurales, donde una humilde costurera fabricó a su amada muñeca, Gwen. (verso 2) Lo poco que Gwen recuerda de su pasado, lo recuerda con amor. La costurera y la muñeca pasaban sus días confeccionando, Gwen con las tijeras en sus manos inmóviles mientras su creadora cosía cerca de ella con hilo y aguja. Por las noches, las dos se escabullían debajo de la mesa del comedor y la costurera desafiaba a Gwen a duelos inventados: el choque de los cubiertos contra las tijeras resonaba en la cocina iluminada por velas. (verso 3) Con el tiempo, los juegos se detuvieron y la luz se apagó. Gwen no podía entender por qué, pero siempre que luchaba por recordar más detalles, sentía una punzada de dolor, ligada a un hombre cuyo nombre y rostro no conocía. Mientras la marea se llevaba sus recuerdos, Gwen se quedó inmóvil por siglos, silenciosa y olvidada. (coro) Pero una noche, sus ojos se abrieron. Gwen se despertó por primera vez en una playa oscura lejos de su hogar. Por obra de una magia que desconocía, se había transformado en una niña de verdad que podía mover las manos y los pies ¡por su propia cuenta!